Opinión

Mindfulness digital: cómo cultivar presencia consciente en la universidad

En una realidad donde las pantallas configuran gran parte del día universitario, es urgente reconocer que no solo es necesario estar conectado: es necesario estar consciente. Clases virtuales, foros, notificaciones, redes y entregas constantes pueden saturar la mente y debilitar el rendimiento emocional y académico.

Afortunadamente, la evidencia más reciente respalda el poder transformador del mindfulness en entornos digitales universitarios. Una meta-análisis publicada en “Frontiers in Psychology” (2023) encontró que las intervenciones de atención plena en línea reducen significativamente depresión, ansiedad y estrés, mientras elevan los niveles de mindfulness en estudiantes universitarios (Gong et al., 2023).

Aunque el bienestar general mostró menos impacto, los resultados destacan que este tipo de prácticas digitales pueden ser una herramienta eficaz para gestionar el malestar emocional académico.

Foto: Pexels

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Otra revisión sistemática publicada en “Journal of Technology in Behavioral Science” (2023) observó mejoras estadísticas pequeñas pero consistentes en el bienestar psicológico de estudiantes universitarios tras intervenciones digitales como aplicaciones o programas breves. (Ferrari et al., 2022)

Y un estudio experimental de 2024 demostró que un modelo mixto (mindfulness presencial más actividades digitales vía app) mejoró significativamente la atención sostenida, la memoria de trabajo y el rendimiento académico en estudiantes durante un curso semestral. (Sadeghi et al., 2024)

Estos hallazgos refuerzan un enfoque claro: el mindfulness digital no es una moda, es una práctica respaldada por evidencia actualizada que puede transformar la experiencia académica y emocional de las y los estudiantes.

La atención plena no implica renunciar a la tecnología, sino relacionarse con ella desde la consciencia. Significa reconocer la propia respiración, pensamientos y emociones incluso mientras se navega en una plataforma. Es actuar con intención, no con automatismo.

Pausa consciente, un primer paso

Una buena forma de comenzar es mediante la pausa consciente: antes de entrar a estudiar o revisar una plataforma, respirar profundamente y definir mentalmente la intención del uso digital. Este pequeño acto establece un tono de atención deliberada que prepara a la mente para aprender con enfoque.

También es fundamental evitar la multitarea digital, ya que el vaivén entre pestañas, mensajes y recursos fragmenta la atención y sobrecarga cognitivamente. Estudiar concentrado en una sola pantalla, con las notificaciones silenciadas, mejora significativamente la eficiencia y la calidad del trabajo académico.

Es recomendable además establecer límites intencionales: reservar horarios específicos para revisar correos, mensajes o redes sociales y respetar pausas reales entre sesiones de estudio. Estos momentos de espacio mental reducen el estrés y permiten que la atención se recupere con más facilidad.

Un enfoque genuino exige conectar la práctica digital con un propósito personal. Desde el Instituto del Propósito y el Bienestar Integral, en la Universidad Tecmilenio, insistimos en que la tecnología puede ser una aliada del aprendizaje —siempre que se conecte con metas claras: formativas, profesionales o personales—.

Además, al momento de interactuar digitalmente, es valioso hacer breves autochequeos emocionales: notar si el uso surge por hábito o por intención, si genera ansiedad, dispersión o satisfacción. Este autoanálisis enseña a reconocer qué prácticas digitales fortalecen y cuáles drenan.

Para conocer más

Y esto es solo el principio. Si gustas profundizar más en esta práctica, el propio internet ofrece recursos muy valiosos, como aplicaciones o los videos de Wellbeing 360, que son de gran ayuda para el cultivo de la atención plena.

En síntesis, cultivar mindfulness digital en la universidad es una habilidad que transforma: mejora la salud emocional, incrementa la capacidad de aprendizaje y protege el bienestar integral. Los estudios más recientes demuestran que este enfoque no solo es posible, sino también eficaz y accesible.

Adoptar la atención plena como práctica diaria —aunque sea unos minutos al día— puede marcar la diferencia entre una experiencia universitaria fragmentada y una vivida con presencia, claridad y propósito.

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Rosalinda Ballesteros

Rosalinda Ballesteros es directora del Instituto de Ciencias del Bienestar Integral de Tecmilenio.

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